El Coleccionista
Todos coleccionamos. Todos acumulamos. Todos queremos completar nuestra colección.
Les quiero dejar aquí la primera página de mi nueva novela. Dejarla es como dar un salto al vacío. La he escrito cien veces. Y cada vez me gusta menos. Esta me gusta tanto o tan poco como las demás, pero llega un punto en el que hay que partir por algún lado. Casi nunca la primera página sobrevive hasta el final. Normalmente en el camino falla. Desaparece. Pierde sentido. Por eso es tan importante. Al final, todo lo que sigue, partió aquí.
Estoy aburrido. De todo. Especialmente de mí. No me soporto.
Volví a sentarme y miro por la ventana. ¡En verdad este lugar es la raja! Diseñé el loft exactamente como recordaba el de Nick Nolte, en “Apuntes del Natural”. La película de Scorsese en Historias de Nueva York, esa en que el pintor va a buscar a su mina al aeropuerto, que es la Roxana Arquette, y la lleva a su casa. No me acuerdo bien de la trama, pero en un momento ella está arriba tirando con otro y él está abajo con un lienzo gigante, pintando. Escuchándolo todo. La mina arriba jadiando. Gimiendo. El huevón pintando con furia. Con trazos grandes. Oscuros. Gastando y gastando colores.
Cuando vi la película pensé que eso era todo lo que se podía pedir para ser un artista de verdad. Ahora, solo, en mi puto Loft de Nueva York, frente a una tela casi tan grande como la de Nolte, miro para todos lados y estoy seco. No pasa nada. No llega nada. Mucho menos la Roxana Arquette. Pongo el disco, el original de Procol Harum, en una versión inglesa de 1972. Me da un poco de vergüenza sentirme tan mediocre, tan poca cosa, pero le subo el volumen hasta que la música me pone idiota. Completamente idiota. Ya no me puedo escuchar ni a mi mismo. Miro la tela. Miro los tarros de pintura y comienzo a tirar brochazos. Sin sentido. Sin tener ni idea de lo que busco.
Al principio mis manos se mueven torpes. Tratando simplemente de no cagarla. A pesar de la anestesia en mis oídos, de la música rebotando con los bajos contra mi pecho, no hago ninguna locura. Igual me controlo para no cagar una tela tan grande. Tan rica.
Había llegado a la sima del mundo. No podía cagarla justo ahora. Cuando todo se ve tan chico desde aquí. Cuando hasta esta ciudad se ve de lejos, más allá del Hudson y del puente.
You must be the mermaid
who took Neptune for a ride.'
But she smiled at me so sadly
that my anger straightway died
No canto. Grito. Y lloro. Doy alaridos mientras por fin comienzo a pintar. Como si todo volviera a aparecer. Los fantasmas. Las pesadillas. El miedo y la furia que están a punto de llevarme más allá de lo que soporto. Aquí está la angustia. En mi garganta. En mis pulmones. Subo desde el estomago y me dan ganas de vomitar. Me siento como las huevas – creo que ya puedo pintar algo decente -






